¡Qué difícil es eso de quererse!


¿Por qué será tan difícil aceptarnos y querernos tal cual somos?

Es una pregunta que escucho muchas veces. De las bocas de mis amigas, de conocidos, en las películas, en las canciones, en los libros, de mí misma. Vemos revistas, libros y artículos que nos hablan de la importancia de aceptarnos tal cual somos de tener una alta autoestima. Nos dicen que no querernos, no aceptarnos es el principio del desamor, de la depresión, de la soledad.

Esta es una pregunta que he tenido en la mente durante algún tiempo y me parece que hace algunos días fui testigo de la respuesta.

Estaba en un parque viendo a la gente mientras mi hija tenía un playdate con sus amigos. Mientras observaba, vi a una pareja que estaba disfrutando de un día de campo con sus 3 hijos. Un bebé como de 8 meses, un niño pequeño como de 3 – 4 y una niña como de 7 – 8 años (justo como mi hija). Me di cuenta de que los 3 niños tenían comportamientos muy distintos. Muchos me dirán: sí, se llaman “etapas o madurez”. Pero no, era algo más, eran niveles de “domesticación”.

El bebé sonreía todo el tiempo, estaba contento, tan solo observando y riendo; era simple. El niño de 4 era perseguido por el papá. Subía, brincaba, bajaba mientras lo único que le decía su papá eran 2 palabras: “no y cuidado”. La niña de 8 se comportaba como una pequeña adulta; de piernitas cruzadas, traía bolsita de brillitos, las uñas pintadas y caminaba de puntitas. En ese momento comprendí una cosa.

Cuando nacemos, nacemos felices, somos unos bebés sonrientes y sencillos que no entienden de problemas, la vida es sencilla. Comer, dormir, cagar, repetir. No pensamos nada y por ende no hay problema alguno. Cuando necesitamos algo lloramos, una vez la necesidad se cubre se acaba el problema. Conforme vamos creciendo nuestros padres (que nos adoran), nos enseñan a “comportarnos”. Nos van “educando”, nos enseñan lo que debemos hacer, o más bien lo que NO debemos de hacer. No hablar fuerte, no llorar, no hacer berrinche, no comer con la boca abierta, no vestirnos con dos patrones distintos, no salir despeinados, no salir sin suéter, no trepar, no subirnos a la mesa, no brincar en la cama, no poner los codos en la mesa. Básicamente nos enseñan que lo que queremos hacer, es justo lo que no debemos hacer.

Así, conforme vamos creciendo vamos aprendiendo más cosas. No correr en los pasillos de la escuela, no gritar, no pararse en clase, no salirnos de la raya, no interrumpir a tus mayores.  Aprendemos a seguir muchas reglas y muchas condiciones. Cuando llegamos a secundaria hemos comprendido que lo que somos, es justo lo que NO debemos ser, hemos sido domesticados. Educados de acuerdo a las normas y reglas que nuestra sociedad ha impuesto para nosotros y que hemos aprendido desde pequeños de aquellas personas que más nos aman en este mundo, porque ellos aprendieron así.

Más tarde, vemos revistas, anuncios, películas que básicamente nos dicen cómo deberíamos ser. Nosotros, que para entonces ya hemos entendido que si nos quitamos la máscara que nos hemos puesto y nos mostramos tal cual somos no seremos aceptados, hacemos todo lo posible para cambiarnos lo que sea, lo que podamos, lo que aguantemos, pues desde el momento que nacimos aprendimos como NO debemos ser.

Tal vez después de esta reflexión no será tan difícil contestarnos porqué será tan difícil aceptarnos y queremos tal cual somos. ¿no crees?

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