¡Estoy enojado Papá!

Regresaste a casa después de muchos días de estar fuera. Cuando llegaste yo jugaba con mis carritos, pero estaba muy enojado.

Hoy tuve mi presentación de arte en la escuela. Mi maestra escogió mi dibujo para enseñarlo a todos los papás. Yo me sentía muy contento, pero al buscar entre el público solo vi a Mamá, como siempre. Pero ¡yo quería verte a tí Papá!. Me habías dicho que harías lo posible por estar, pero no llegaste. Quería enseñarte mi dibujo, quería que lo vieras y te sintieras orgulloso de mí.

La semana pasada también te perdiste mi clase de natación, y cuando se me cayó el diente. No supiste del día que tuve pesadillas y cuando me corté el dedito con el papel al tratar de hacerte un dibujo. Mamá siempre me consuela y me dice que regresarás pronto, pero yo estoy enojado porque que tú siempre ¡te pierdes todo!.

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Hoy me enojé con mamá en mi clase de arte, lloré mucho, y aunque quiso abrazarme yo no me dejé. Mas tarde, cuando llegaste a casa, yo seguía enojado. Quisiste llegar a abrazarme y a jugar conmigo. Siempre quieres jugar conmigo, y eso está muy bien, me gusta mucho. Pero también me gusta que seas mi Papá. Me gusta que sepas de mis ilusiones, de mis sueños, de mis miedos, de lo que sé y lo que quiero aprender. Quiero que estés conmigo en los momentos importantes. Tengo muchos amigos en la escuela Papá, no necesito un amiguito más para jugar, pero sí necesito a mi Papá.

Mamá dice que el tiempo pasa muy rápido, que pronto ya no querré dormir con ella, que pronto ya no me podrá cargar, ni vestir y que tendré que enfrentar la vida solito. Aprendo mucho de Mamá. Ella es tan fuerte y valiente, hace todo sola. Yo me pregunto si tú haces todo solo sin nosotros. Me pregunto si sabes eso del tiempo. Me pregunto si sabes que te estás perdiendo todo lo que ella dice, y si sabes lo triste que me pongo cuando no te veo. Me pregunto si es que tal vez no lo aprendiste de chiquito, eso de aprovechar el tiempo y de que todo pasa muy rápido. Tal vez no te lo enseñaron y por eso no lo sabes.

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Mamá dice que lo más importante es la familia, y que uno viene a este mundo a estar con las personas que quiere, que estamos aquí para ser felices, pero yo no le creo. Si eso fuera verdad tú estarías conmigo. Cuando te vas, dices que te vas por trabajo, pero lo que me enseñas con eso, es que el trabajo es más importante que yo. Cuando llegas, y solo quieres jugar conmigo y no me escuchas, me enseñas que mis sentimientos y pensamientos no son importantes, y que, lo mejor es solo jugar. Así, me haces reír sin realmente tomarme en cuenta, tan solo dejas pasar el tiempo hasta que tienes que irte de nuevo. Pero yo lo que quiero es que me conozcas Papá, que sepas quién soy y cómo me siento. Que me guíes y me hagas sentir seguro.

Hoy me enojé contigo Papá, porque llegaste sonriente y divertido sin saber lo que me había pasado. Me enojé cuando quisiste hacerme una broma sin considerar mis sentimientos, cuando quisiste abrazarme sin consolarme antes. Y entonces te enojaste conmigo, me dijiste que soy un niño berrinchudo y un mal criado. Que necesito mano dura, y que Mamá no me educa bien. Yo empecé a llorar, Mamá trató de defenderme, de explicarte lo que pasaba, pero le hablaste feo y te fuiste muy enojado. Tu siempre has dicho que los problemas hay que evitarlos, y que cuando alguien se enoja hay que ignorarlo.

Te fuiste de nuevo Papá y no viste mi dibujo, era sobre ti. Te pinte con muchos colores, te dibujé una sonrisa grande y estabas parado junto a mí tomando mi mano. Pero no lo viste, te fuiste de nuevo y yo me quedé sintiéndome solito sin tí.

Por la noche, después de tomar mi lechita, me acosté como siempre junto a Mamá. Ya no estaba enojado, ya solo me sentía triste. Entonces, me imaginé que ya era grande como tú. Me imaginé que era Papá como tú, y que tenía un hijo como yo. Le prometí, que yo no lo dejaré solito en su clase de natación o en su clase de arte. Me prometí, que cuando yo trabaje, será solo para poder estar más con mi familia y para ser felices, y que ningún trabajo será más importante que ninguna persona que yo ame. Me abracé de Mamá como todas las noches, y pensé, que tal vez cuando regreses ya estaré muy grande, y que tal vez, ya no querré abrazarme a tí.

 

Carla Gamboa

Marzo 2016

Marina (poema)

 

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“A Marina”/ Autor Ulises Gallegos / Técnica mixta

                  Niña de dos seres que se aman

                      tus rizos crecen en la esperanza,

                      niña de terzas manos y piel castaña,

                      niña de luna y de mañana.

                      Eres aroma de mar y brisa

                      danza de nubes, esencia de amores,

                      luz de vida de nuestras vidas

                      niña de luna y de mañana.

                      Niña de mar y de montaña

                      adivino tu rostro y tu mirada,

                      eres futuro por mí soñada

                      niña de luna y de mañana.

                      Un niño de ayer de sonrisa inquieta

                      camina caminos, escala montañas,

                      con brazos fuertes sueña en abrazarte,

                      niña de luna y de mañana.

                      Eres arrullo de dulce canto

                      canta la ola, canta la palma,

                      mamá te acuna en sus entrañas;

                      cuenta el tiempo, en el tiempo de tu llegada

                      niña de luna y de mañana,

                      niña de luna y de mañana.

Corazón Sánchez (Chichí)/ Abril 2008

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Marina

Dedicado a Carla Gamboa, en agradecimiento a su apoyo.

Me encanta ver cómo bailan, van y vienen suavecito. Me sorprende ver esas tiras pachonas de colores, que cuando te fijas bien, descubres que están hechas de muchas estrellitas, figuritas con líneas, círculos, formas de todo tipo. A veces, sin que mi mamá me vea, arranco uno y me hago un collar. A mi mamá no le gusta que corte los corales de su jardín, lo cuida mucho.

Yo creo que es el jardín más bonito de todo el océano, hace poco crecieron unos abanicos muy grandes, hechos por muchas varitas y cuando les dan los rayos de sol se ven más bonitos todavía, como que les salen los colores.

Me gusta que me lleven a jugar al parque, siempre hay muchas cosas qué ver. El otro día me encontré dos caballitos de mar amarillos. Tienen unas trompas muy grandes para su tamaño. Porque ellos son chiquitos. Casi siempre vienen de dos en dos. Les gusta amarrarse juntos con sus colas. Pelaban sus ojotes, no sé si los asusté. Pero como a esos les gusta quedarse quietos, me entretuve viendo una tortuga bebé que hacía travesuras y pasaba en medio de las bolas de peces, para descomponerles su formación. Esos peces tienen muy mal humor, hasta se les nota en la cara, son de esos que sonríen para abajo. Y ahí va otra vez la tortuguita a descomponerles todo y los cascarrabias a componer los huecos que les hace.

 

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“Sirena Joceline” por Laura Barocio/ Tinta y acuarela.

A arena, mi loba de mar, le gusta que le aviente una piedra y ella me la trae. Es muy curiosa, mete su cabezota dentro de las esponjas y asusta a los peces chicos que descansan ahí. Las parejitas hasta se enojan con ella. El otro día se llevó un buen jalón de bigotes. Las esponjas me gustan mucho, las hay de todas formas, unas delgadas, con hoyitos, otras anchas y chaparras, como cazuelas. Están forradas de unos pelitos suaves, son como de terciopelo y hay amarillas, rojas, moradas, bueno, de muchos colores.

 

Pegados a los piedras hay unos arbolitos, como cepillos de biberones, de muchísimos colores, me gusta verlos, pero cuando me acerco mucho, desaparecen, tal cual, se meten en su hoyito y ya no salen en un buen rato. Buscar animalitos entre las piedras es lo más divertido, puedes encontrar camarones diminutos de rayas blancas con rojo. Pegados a la arena están los cangrejos, que pueden ser de muchos tamaños, pero eso sí, todos tienen pinzas y hay que cuidarse de que no le prensen a una el dedo. Claro que si de pinzas hablamos, las langostas se pintan solas y tienen unas antenas enormes, con las que se dan cuenta si hay peligro, o si pueden salir de sus escondites. No son muy listas, porque yo doy con ellas justo por sus antenotas.

 

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“Sirena” por Laura Barocio/ Tinta y acuarela

 

Regresando a la casa le pedí a mi mamá que me hiciera dos trenzas. A ella le gusta dejarme el pelo suelto, pero se me enreda mucho entre las algas, ya de por sí buenos raspones me hago en la aleta cuando estoy jugando, como para además andar jaloneándome el pelo. La verdad es que a mí me gustaría que me lo cortaran, pero mi mamá dice que las sirenas chicas nos vemos mejor así, que ya cuando sea sirena señora entonces sí lo usaré corto. Yo le hago caso.

 

Estela Almendaro

Junio 2015

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¡Silencio!

¡Silencio todo el mundo!, pidió Paco-, déjenme que quiero escuchar la voz perdida, la voz que en la Ciudad no conocía. Quiero escuchar a las mariposas y a los árboles que me prestan el tiempo de vida.

¡Silencio! que es verdad lo que digo, pues sin el aire no respiro. Es un día dichoso, lleno de felicidad y es mío.

¡Silencio! que mis oídos se convierten en ruido viviendo en la Ciudad más gigante, entre gente entumecida.

Pero, ¿por qué no nos vamos ya? preguntó Pablo-. ¿No es cierto que nos gusta la Ciudad, la intranquilidad, que nos da miedo la incertidumbre, que no sabemos vivir en el frío? Que, ¿necesitamos el confort, lo cómodo, lo conocido?

¡Silencio! repitió Paco, mejor guarda silencio hermano. Déjame escuchar el canto de las ranas, hace tanto tiempo que solamente escuchaba motores y ahora veo flores en mi camino. En la Ciudad solo tenemos ausencia de silencio, es una agonía que me nubla los momentos vividos, que me pone la piel áspera y despierta mis delirios. Que calienta la sangre hasta que hacerla hervir, entume la cabeza y mata los sentidos.

Ve aquella vaca que pasta en la verde frescura, y el monumental fresno que con sus ramas nos cobija. Escucha el canto del río y observa el baile de los árboles al paso del viento. Estamos vivos hermano, ¡estamos vivos!

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Pero-dijo Pablo- yo no me hago a un lado. Mejor guardo silencio que por más que quiera la Ciudad no la dejo, es cierto que estamos encadenados y estamos tan presos, acostumbrados a vivir como reos, pero no puedo con el ansia. Es mejor vivir callado, apretado, que enfrentar mis miedos.

Pero, ¿entonces, qué pasa Paco?,- preguntó Pablo, consternado- ¿qué piensas, qué hacemos? ¡Tengo miedo!

Pienso, que por lo menos a mí, el campo me espera, pues en la Ciudad me muero. Pienso hermano, que hay que enfrentar al lobo del miedo, pues solo se alimenta de nuestros pensamientos.

 

Carla Gamboa/ 2004

Si hay un Dios está en la roca

Mi primer acercamiento con la escalada fue fortuito y azaroso. Un día me subí al muro que acababan de poner en mi gimnasio y, desde entonces, no he vuelto a bajarme.

Pasó poco tiempo antes de querer más; quería saber lo que era “escalar de verdad”, en la “vida real”. Después de batallar un poco, conseguí que alguien se atreviera a llevar a una principiante al monte; así fue como conocí Jilo. Mi sorpresa fue mayor: el lugar era majestuoso.

Pronto entendí de lo que se trataba, el porqué los escaladores no podían alejarse de la roca; estando ahí, en medio de los árboles, con el sol en la cara y la roca en mis manos, todo cobró sentido. Era como bailar con la roca. Mi cuerpo se movía al ritmo que me marcaba la ruta, mi cabeza no pensaba en nada más que en el siguiente movimiento, y entonces me enamoré.

Me sentí afortunada por recibir un regalo que sólo era para mí. Un regalo que algo superior me brindaba, la oportunidad que me daba la naturaleza de sentirla, de tocarla. Desde entonces yo no escalo por el grado, la fuerza, las fotos o la adrenalina. Yo escalo porque para mí, si hay un Dios, está en la roca; donde todo es perfecto, donde nada sobra, el viento sopla y me siento feliz.

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Poco duró mi felicidad aquel día cuando bajé de la primera ruta y caminé entre las brechas; cuando empecé a ver basura, envases vacíos de agua, restos de comida, papel de baño, rocas pintadas, árboles lastimados… Sentí un dolor en el pecho al pensar en que son muchos los regalos que recibimos de la naturaleza y la forma tan torpe, egoísta y limitada con la que respondemos.

Los seres humanos dependemos de la naturaleza. Sin ella, nuestra especie no puede sobrevivir. Considero que esta es una razón poderosa para cuidarla, pero aún más los escaladores, porque somos esta raza que disfrutamos y tomamos, a manos llenas lo que la naturaleza nos da. Me parece deberíamos ser aún más responsables de cuidarla y de promover su cuidado.

A los escaladores nos sudan las manos cuando vemos fotos, cuando nos hablan de una ruta, cuando nos encordamos. Soñamos con los pasos del crux, nos aprendemos las betas, caminamos las brechas. Pasamos las noches de campamento alrededor del fuego, platicando nuestras anécdotas, comentando nuestros viajes y hacemos planes. Pero pocas veces nos damos cuenta de que detrás de todas nuestras increíbles experiencias, hay un protagonista silencioso que nos recibe siempre con gozo pero que sufre nuestro paso.

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La roca que tanto amamos es parte de esta naturaleza de la que dependemos, pero muchos no la cuidamos. El propósito de esta columna es hacernos reflexionar sobre lo que podemos mejorar pero, sobre todo, invitarnos a actuar de una forma más responsable con nuestro medio ambiente.

La próxima vez que vayas al monte, intenta regresar con más de lo que llevas. Espero sean muchos “encadenes”, o aquello que te llene; que regreses rebosado de alegría, inspirado y lleno de energía, pero también regresa con la basura que encuentres, ya que así podemos mantener limpias nuestras zonas de escalada. Intenta no llevar botellas de plástico desechable, mejor lleva algún contenedor que puedas rellenar, no tires cigarros, papel, comida o bolsas de plástico (mejor aún si no las llevas). Así podremos regresar a la naturaleza un poco de lo mucho que nos da.

Respetemos y agradezcamos, que la roca siempre nos recibe con gozo. Hasta la próxima

Invitación: 28 de mayo, V+ Double Trouble 2016

¿Me perdonas?

Hoy quiero pedirte que me perdones, quiero decirte que siento muchísimo el haberte lastimado cuando te miré de reojo en el espejo y lamenté lo que veía, cuando no cumplí con las promesas que te hice; la idea era hacerte sentir mejor, pero la verdad no las cumplí.

Perdóname por todas la veces que he hablado mal de ti, pero aún más por las que he pensado mal de ti, por todas las historias que te he hecho creer y te han alejado de la felicidad, por olvidarme de mirar al cielo, por olvidarme de los pequeños grandes momentos que nos da la vida, por olvidarme de ser agradecida y de valorar todo aquello que te rodea y que es tan maravilloso porque tú estás ahí.

Perdóname por no frecuentar más lugares sagrados, por no buscar la primera estrella de la noche y recordar cada día, por no sentarme un momento a agradecer que tenemos vida!!!!

Obra : De frente al sol Tecnica: Acuarela y tinta 9×12 Autor: Carla Gamboa

Perdóname por alejarte de las cosas que te gustan, por cortar de tajo tus talentos por no alentar tus triunfos, por cortar tu inspiración y romper tus sueños, por dejarte con deseos sin cumplir.

Hoy me escribo esta carta, esta carta donde me pido perdón y donde me perdono a mí misma!

I Forgive Myself for any wrongdoing

Ya he empezado a usar mis cintas de colores, no dejaré que se me vuelva a olvidar. Y ahora brillo, como aquella vez cuando fui a esa cascada en medio del bosque lleno de hadas.

Me prometo a mí misma que disfrutaré cada momento que se me preste de vida. Hoy, me escribo esta carta, esta carta donde me pido perdón y donde me perdono a mí misma!

Carla Gamboa

LA TIENDA DE LOS RECUERDOS

Hoy fui a la tienda de los recuerdos, pues de pronto me di cuenta de que los había perdido todos.

Encontré, entre muchos otros, recuerdos de mi infancia, de mi adolescencia y de mi vida adulta. Recuerdos llenos de colores y sabores, tan dulces y tan amargos. Estantes, bodegas, pasillos y pasillos. Nunca imaginé que mis recuerdos fueran tantos, pero ¡claro! ¿cómo podía saberlo si los había olvidado todos?.

Primero pensé en comprar los más dulces, pero no venían solos. Invariablemente una caja que tenía un recuerdo bueno venía con 2 amargos. Pregunté a un empleado porqué era que venían en paquete, pues yo solamente quería comprar los buenos. Me contestó que no podían venir solos ya que de lo contrario perderían su valor, pues de no existir los amargos no reconoceríamos los buenos, y finalmente los buenos se olvidarían.

Pero, ¿por qué vienen 2 malos por uno bueno? pregunté, ¿no debería ser al revés? No, me contestó, los buenos recuerdos en realidad valen por 10 malos, pero como estamos en oferta sólo incluimos 2. Fue así como recordé que había perdido todos mis recuerdos por querer olvidar los malos, y al hacer esto, los buenos también se fueron. No había quedado nada, estaba vacía.

Decidí salir de la tienda, no sin antes levantar una queja con el encargado en turno. Quise regresar caminando aun cuando mi coche estaba estacionado enfrente de la tienda. Mi paso fue lento, mi cabeza estaba vacía. No sé cuánto tarde en llegar a casa, pero ya oscurecía. Me senté frente a la ventana en la que siempre he pasado largas horas buscando figuras en las hojas de los árboles.

De repente, todos mis recuerdos regresaron, sentí un escalofrío en la nuca. ¡Eran los agrios, los amargos, y lloré tanto!. Volví a sentir el dolor, el abandono, la soledad, la culpa. Las heridas ardieron tanto que parecía que no podía respirar. Traté desesperadamente de guardarlos de nuevo en el viejo baúl en donde estaban, deshacerme de la llave y no recordar nada de nuevo. Esta vez ¡para siempre!.

Pero entonces, entre los jadeos que daba para no ahogarme, surgió la imagen de tus ojos. El brillo que tienen y que parece deslumbrarme. Recordé a detalle tus manos, tan fuertes, tan confiables y llenas de cicatrices. Los chinos de tu pelo rebotando en tu cara, tu sonrisa inquieta, la piel de tu espalda, tus brazos sujetándome y la tranquilidad que siento cuando estás a mi lado. La alegría que le has dado a mi alma, la ilusión con la que te ven mis ojos. Cómo me has llenado las manos de atardeceres y me has dejado ver las estrellas tan de cerca. Cómo escucho de nuevo cantar a las ranas y cómo se sienten mis pies descalzos al seguir tus pasos.

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Recordé la voz de mi padre cuando me contaba cuentos, y cómo me hipnotizaba cuando me explicaba algo, ¡lo sabía todo!. Cómo es que no podía decirme muchas cosas, siempre pensé que era porque tenía una nuez atorada en la garganta; pero, cómo podía escribirme hasta hacerme sentir escalofríos. Creo que lo prefiero así, de esta forma no se me olvidan los detalles, y puedo leer una y otra vez lo que me escribe decidiendo no aprenderme nada de memoria.

Recordé los pies de mi madre bailando al ritmo de un huapango. Siempre me sorprendió la velocidad a la que lo hacía, cómo podía seguir todos los ritmos. Su voz cantando las mismas viejas canciones, y sus lágrimas incontrolables cuando algo la emociona. El cómo cuenta las cosas de manera fluida y simpática, y el cómo le asombran todas las pequeñas cosas mientras hace muecas de niña pequeña.

La sonrisa de mi hermano, que a veces se enturbia tanto como la mía. Su mente oscura llena de tanta luz y genialidad. Sus manos torpes para trabajar y tan hábiles para escribir o dibujar. Los vellos de su cara, que disfrazan de persona adulta a un niño de ojos pequeños brillantes e inundados de curiosidad. Sus palabras atinadas, su sensibilidad. Su mal humor, al que tanto ha tratado de controlar. Su interés, su talento, y sus ganas de comerse el mundo en grandes bocados.

La inocencia de mis hermanos pequeños, sus risas, sus ocurrencias y la emoción que me da el verlos crecer e imaginarme lo que llegarán a hacer. Sus ojitos brillosos, sus pequeñas manos. ¿Cómo es que siendo tan diferentes a mí me veo tanto en ellos?

El cariño incondicional de mi perro, ¿cómo es que dejaba que me acercara tanto?, siempre me lo pregunté. Cómo dejaba que le tocará la nariz con la mía, y que lo apretara, los estrujara o lo cargara con la confianza de que no le iba a hacer ningún daño. Siempre pensé que nadie podría confiar en mí tanto como él, creo que por lo menos yo no lo haría. Sus lágrimas de agua y sal, que parecían no tener razón. Sus ojos cuidándome siempre, echado junto a mí sin preocupación alguna. O, ¿sería que no quería que lo viera preocupado?.

Recordé los abrazos y besos de mis amigas de la infancia, mis amigas de siempre, nuestros juegos y bailes. Cómo festejábamos y disfrutábamos cualquier cosa, cómo hemos llorado y reído juntas, recordé la sonrisa de todos aquellos que mis ojos han visto alguna vez. Recordé la sensación de mis pies sumergidos en la arena y de mi pelo flotando enredándose con el viento. Mis sabores y olores preferidos. Y así, el calor regresó a mi corazón.

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Dejé de llorar, y todavía con la garganta seca trate de abrir los ojos para seguir jugando un rato más con las hojas de la Jacaranda que se ve desde mi ventana, ese testigo silencioso de mis sueños y añoranzas; pero la hinchazón de mis ojos no me dejaba. Mis brazos estaban cansados de tanto golpear la pared, y mis piernas no podían sostenerme. ¿En qué momento se me ocurrió regresarme a mi casa caminando?, ahora no podré moverme en una semana.

Miré a mí alrededor con la mirada tan borrosa como la tenía, y me vi sola, me sentí sola, pues llevaba horas con tantas imágenes de personas que no estaban. Me di cuenta de porqué era que había tantos pasillos en la tienda con mis recuerdos, y ya no quise olvidar. Dolía tanto recordar, pero reconfortaba aún más. Tenía razón el empleado, un recuerdo bueno vale por diez no tan buenos. En mi caso, tal vez sea por 30, pues he tenido una vida tan afortunada, tan bendecida, que los buenos recuerdos rebosan mi ser. Me siento agradecida.

Hoy lo tengo todo en mi cabeza de nuevo, lo bueno y lo malo. Lo bueno que no existe sin lo malo, y lo malo que no es tanto, ni tan malo.

Ya no quiero olvidar nada, ahora sé que todo es como debe ser, todo está en su lugar y todo está bien.

Mañana, regresaré a la tienda por mi coche y retiraré mi queja, sustituyéndola por un buen comentario para el empleado. Después de todo, creo ya no tendré que regresar a comprar nada.

Carla Gamboa

Noviembre 2004